La Segunda Línea: El Camino Interior

Al culminar la línea anterior, dejamos a nuestro ego aventurero en la cima de lo que es el "mundo visible", comenzando a desarrollar su personalidad, y con un relativo "éxito" en lo que a mucha gente respecta. Esta inmensa mayoría puede transcurrir toda su vida sin abandonar los parámetros descriptos en la primera línea, lo cual no significa que sean malas personas o inferiores, sino que sus tiempos y necesidades son distintos de los que deciden emprender el camino de la exploración interna.

En la segunda línea nos encontramos con las siguientes cartas:

El ciclo comienza con la Fuerza. Al terminar la línea anterior con el ego victorioso del Carro corremos el riesgo de que toda la fuerza y energía básicas presentes en la carta se desboquen. La tarea de la primera carta de ésta línea es entonces el que aprendamos a dominar éstas energías animales. Al poder dominarlas, pasamos entonces a la búsqueda de soledad necesaria para la reflexión y meditación que nos ayudará a avanzar en todo el resto de la línea, representada por el Ermitaño.

La lección de la carta siguiente, la Rueda de la Fortuna es justamente aprender a seguir la corriente, que sube y baja como guiada por un ser sobrenatural. Luego de ésta lección en equilibrio, tenemos la siguiente, al enfrentarnos con la Justicia, una justicia Divina, que nos habla de justa retribución. Pero cuando parecía que recobrábamos el control, el paso siguiente, El Colgado nos indica la necesidad de invertir nuestros puntos de vista, previo a la Muerte del viejo Yo necesaria para adentrarnos en el camino espiritual, ya casi a la vista.

El Ángel de la Templanza viene finalmente a tranquilizar un poco el panorama agitado de las últimas cartas, enseñándonos nuevamente las ventajas del equilibrio, del "todo en su justa medida", pero aquí desde una perspectiva distinta, más elevada, dejándonos listos para enfrentar nuestro lado más oscuro en la siguiente línea.