Una nueva concepción del poder vislumbra sus orígenes ya en el imperio romano, aunque recién comience a manifestarse enérgicamente en el periodo monárquico, debido al crecimiento del poder Real5 para intervenir directamente en los individuos.
Bien lo explica Foucault en La Redes del Poder cuando dice que "Occidente nunca tuvo una forma de representación, de formulación y de análisis del poder que no fuera el sistema de derecho, el sistema de la ley"6.
Debido a este origen en la jurisprudencia romana, es que el análisis del poder se lo circunscribe a este ámbito y se expresa únicamente en dicho lenguaje. El autor demuestra a lo largo de sus escritos que ese análisis es sumamente parcializado y fragmentador, ya que el poder tiene un origen no jurídico ni político siquiera, sino social; pues "designa" relaciones entre "parejas"7.
Aunque el ejercicio del poder no es solamente esta relación, sino un "modo de acción que no actúa de manera directa e inmediata sobre los otros, sino que actúa sobre sus acciones: una acción sobre la acción, sobre acciones eventuales o actuales, presentes o futuras"8, cuyos únicos requisitos son: que "el otro" se mantenga como "sujeto de acción" y que frente a la aplicación del poder, haya libertad de acción (precondición necesaria).
Foucault avanza incluso más, estableciendo que lo básico de estas relaciones es la comunicación, ya que el poder se ejerce mediante la comunicación, es decir que el sometimiento a través de un conjunto de signos y símbolos (el lenguaje).
Dimensiones
Otra teoría que Foucault logra echar abajo es aquella según la cual el poder se ejerce en forma coercitiva y centralizada. Para explicar mejor este tema, conviene recordar las dimensiones del poder que tiene en cuenta y sus respectivas características. Las dimensiones son:
Negativas: son los mecanismos de prohibición y normalización, aquellos que delimitan estrictamente lo bueno de lo malo (el derecho por excelencia);
Positivas: el resto de los poderes que actúan "formas de sujección que operan localmente"9. Cada una de ellas tiene su propia forma de dominación y modalidad de técnica y procedimiento, son heterogéneas y deben ser focalizadas en sus especificidades históricas.
De esta manera, abandona la antigua noción de que el poder se relaciona netamente con las normas jurídicas que lo legitiman o ilegitiman, y centra su atención en las nociones de estrategias, mecanismos y de relaciones de fuerza, como sus manifestaciones.
Análisis del poder
De lo anteriormente dicho, podemos deducir que para analizar las relaciones de poder se debe tener en cuenta:
El sistema de diferenciaciones: económicas, jurídicas, de status, culturales, etc., ya que toda relación de poder implica diferenciaciones que surgen como condiciones y efectos al mismo tiempo.
El tipo de objetivos: que se busca.
Las modalidades instrumentales: desde el uso de la palabra hasta la amenaza y uso de la violencia.
Las formas de institucionalización: los diferentes tipos de dispositivos.
Los grados de racionalización: ya que las relaciones de poder conllevan un amplio campo de posibilidades, en el cual se tiene en cuenta "la eficacia de los instrumentos" con miras al objetivo.