Es necesario partir de la definición del sujeto: "Hay dos significados de la palabra sujeto: sometido a otro a través del control y la dependencia, y sujeto atado a su propia identidad por la conciencia o el conocimiento de sí mismo. Ambos significados sugieren una forma de poder que subyuga y somete"1.
De allí que el autor otorgue tanta importancia al hecho de estar sujeto, ser sujetado y a las diversas maneras de sujetación, la cuales se detallarán a continuación.
El saber como mecanismo de sujetación y control, tiene una serie de ramificaciones que se extienden por todas las relaciones que se manifiestan en la sociedad.
La acción de este saber sujetante2 se observa primeramente en el lenguaje, el cual a través de una serie de modificaciones epistemológicas, terminó definiendo en sí mismo un polo de la dualidad de lo bueno/malo, sano/enfermo y de lo normal/anormal.
Un caso típico y frecuentemente mencionado es su estudio sobre la locura, en el que demuestra cómo el concepto fue evolucionando hasta producirse la separación concreta de la locura/cordura3.
De esta manera, cuando el saber establece los nuevos límites precisos e inamovibles, cualquier característica que los rebase se convierte automáticamente en una anomalía/enfermedad que debe ser corregida mediante todo un proceso de readaptación4.
Como bien lo explica la Enciclopedia Universalista del Siglo XX, en el periodo de la modernidad se produce un "curioso proyecto de enfermar para sanar", característico de esta sociedad disciplinaria.
Más adelante se continúa detallando este singular proceso en el que medir y registrar son solamente algunas de las "maneras de sujetar los cuerpos, de enmarcar a las masas humanas y de manipular sus fuerzas".