Si bien es cierto que hay dudas sobre si Michel Foucault era o no un estructuralista, a lo largo de este trabajo podremos encontrar ciertas características que yo considero pertenecen a la línea estructuralista: aquella vieja y conocida sensación de que estamos rodeados por un conjunto de prácticas, costumbres y creencias (en resumen, los componentes estructurales) que nos delimitan fuertemente el camino, y que en algunas ocasiones tienden a asfixiarnos, incluso sin que nos demos cuenta de su acción.
Como bien lo dice Foucault, la estructura de por sí misma ejerce un poder de dominación que no necesariamente es activo y con uso de fuerza, sino que en la mayoría de los casos (y he aquí su mayor peligro) es pasivo y se caracteriza por manifestarse en forma de consenso entre los individuos (aceptación de las normas).
El estructuralismo foucaultiano tiene características tan particulares como su autor y se halla estrechamente relacionado a conceptos tales como: redes del poder, prácticas de sujetación y objetivación, mecanismos de dominación, disciplinarización, normalización, entre muchas otras.
Se sabe que el autor analizó constantemente las relaciones del poder, ante lo cual cabe preguntarse porqué lo estudiaba con tanta vehemencia. La respuesta la hallamos escrita en El Sujeto y el Poder, donde aclara que su objetivo final es la libertad del hombre.
Foucault es consciente de que el hombre jamás podrá ser totalmente libre, por ello se dedica a la tarea de estudiar las formas de su sujetación, para que éste pueda saber dónde se origina su objetivación y tratar de superarlas.
El origen está en el conjunto de relaciones de poder que se establecen en cada sociedad en particular. Con este rasgo podemos apreciar que su estructuralismo, a diferencia de aquel marxista o durkhemiano, antes de ser universal es particular a cada objeto de análisis específico.
Finalmente, otra característica de su obra que merece ser resaltada, es la constante evolución de su estructura que avanza junto con la sociedad, mejorando sus mecanismos de dominación (como es el caso del poder pastoral).