Leyenda del Quinto Sol
(otra versión)

"... finalmente, a medianoche, los dioses se reunieron en Teotihuacan y ocuparon sus sitios en torno del fogón divino. En este lugar sagrado arde el fuego durante cuatro días. Y entonces los dioses hablaron así:

-Vamos a crear el Quinto Sol; más para hacer eso, uno de nosotros tendrá que arrojarse a la hoguera. Nadie habló. El fuego seguía ardiendo vivamente, pero no habló nadie. Al fin se levantó alguien, un ser envuelto en sombras, un dios feo, terriblemente buboso y cubierto de verrugas y costras. Se levantó con timidez y se puso a temblar mientras lo miraban con desprecio los demás dioses.

Cuando el arrogante dios Tecuciztecatl, Señor de los Caracoles, vio que un dios tan pequeño y deformado se había ofrecido para convertirse en el Quinto Sol, se puso en pie de un salto.

¡Silencio! Paseó la mirada en torno, lleno de miedo. El fuego inmenso salta y ruge, ahuyentando a las estrellas. El Universo parece estar golpeando frenéticamente dentro el vientre de su madre y por donde quiera se oye el sonido de tambores. El sonido va creciendo de intensidad a medida que las llamas suben cada vez mas altas. Los dioses entonces, hablan así:
-Ea, pues, Tecuciztecatl, ¡entra tú en el fuego!

El arrogante dios sonríe con desdén mientras avanza despacio hasta ponerse enfrente de la enorme torre de llamas. Pero al sentir el calor de las grandes llamas, se le derrite la confianza y tiene miedo. Cierra los ojos, toma aliento y arremete para echarse en el fuego. Lanza un grito al aproximarse al fogón divino, pero no puede avanzar mas. Entonces todos los dioses se levantan indignados.

Tecuciztecatl ruge como un huracán y vuelve a correr hacia la hoguera. Cuatro veces corre y cuatro veces no puede entrar en el fuego.

Entonces de nuevo se hace silencio. Las inmensas llamas se elevan danzando de tal manera que destierran a los cometas de la obscuridad. El Universo empuja su cuerpo contra el vientre de su madre, esforzándose en nacer y lanzando un alarido infernal que resuena interminablemente en torno nuestro.

Y otra vez hablan los dioses:
-Ea, pues, Nanahuatzin, ¡prueba tu!

Los dioses quedan de pie en torno del fuego bramador y van volviendo sus ojos inexpresivos hasta mirar al dios feo. Y le instan de nuevo: "Nanahuatzin, ya es hora de que pruebes tu!".

Sin aguardar un momento mas, se levanta dando un grito, arrancándose el manto y mostrando la fealdad de su cuerpo al Fuego Creador. Los sacerdotes tratan de controlarlo, pero este se escabulle de sus manos, lanzándose hacia el fuego que llamea en la plataforma iluminada del templo. En la plaza de los dioses, iluminada por la luna, hay una explosión violenta que estalla en diez mil rayos, los cuales estallan a su vez y caen sobre la tierra en una lluvia de plata. Las montañas se desploman y el cielo se abre y se traga a Nanahuatzin.

Después hay una obscuridad total: nada se puede ver, nada se puede oír. Solo se escucha el ruido crepitante de carne que se quema.

Luego, en esa noche obscurísima, los dioses se sientan, exhaustos a esperar la salida del nuevo sol.

Esperan largo rato. Al fin comienza a ponerse colorado el cielo y en todas partes aparece la luz del alba. Exhalando un suspiro los dioses se hincan de rodillas para ver por donde saldrá el feo Nanahuatzin. Miran por todas partes sin poder acertar donde aparecerá. Solo el dios Quetzalcoatl sabe el lugar en que aparecerá el Quinto Sol. Y cuando aparece en el cielo, por el oriente, emerge de un color rojo encendido y tambaleándose de uno a otro lado. Nadie lo puede ver, tan brillante y dorada es la luz que despide.

-Pero, ¿como habremos de vivir?- claman entonces los dioses- ¡No se mueve el Sol! ¡No sigue su camino por el cielo! ¡No hay ni noche ni día! El Sol sigue tambaleándose de un lado a otro. Sin embargo, no avanza por el cielo. Tiene vértigo. Alguien canta allá a lo lejos: El Quinto Sol se llama el Sol del Movimiento porque sigue su camino; pero tu no te mueves, Nanahuatzin ¡TU NO TE MUEVES!

Los dioses dan un grito y se clavan en las venas sus cuchillos de obsidiana, ofreciéndole al Sol su propia sangre, que va subiendo hasta el cielo. Luego la sangre se convierte en un gran viento que sopla sobre el Sol y lo hace levantar como si estuviera flotando. Este pasa volando por delante de los sacerdotes, quienes se afanan por detenerlo, pero el Sol ya esta bajando por la escalinata, precipitadamente... huyendo hacia el horizonte que empieza a empaparse de sangre...

Fue así como nació el Quinto Sol. Desde ese día ha iluminado a los Mexicas, a los Mayas, a los Olmecas, a todas y cada una de las grandes culturas que existieron y existen en Mesoamérica".

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