La Muerte según los Nahuas

Para los nahuas (nahoas), el hombre era un ser más complejo que como lo percibimos hoy en día, donde solo "reconocemos" un cuerpo físico y un alma, ellos consideraban al hombre formado por una materia pesada (el cuerpo) y diferentes entidades anímicas que eran invisibles y muy ligeras. Así pues, la muerte significaba una dispersión de todos estos componentes.

Las entidades anímicas proporcionaban al hombre su naturaleza humana, estas eran la individualidad, movilidad, sentimientos, facultades sensoriales, impulsos, capacidad intelectual, cada una vinculada con una divinidad protectora específica.

Teyolía se ubicaba en el corazón, aquí es donde radicaba la esencia humana, la vida, las más importantes facultades mentales y la pertenencia a un grupo específico de parentesco; al morir el hombre, esta parte se desplazaba a alguno de los lugares destinados a los muertos según sus características.

Tonalli, eran los restos del individuo fallecido, reposaban sobre la tierra y eran guardados por sus familiares en una caja, consistía en sus cenizas y dos mechones de cabello. El tonalli representaba la individualidad y el destino personal.

Ihíyotl, donde nacen las pasiones, se dispersaban sobre la superficie terrestre pudiendo convertirse en seres fantasmales o bien en enfermedades (conocidas como yohual-ehécatl o "viento nocturno").

¿A donde iba el teyolía al morir el hombre?
Se cuentan (generalmente) cuatro destinos para el teyolía: el Míctlan (lugar de los muertos), ubicado en lo más profundo de la tierra, donde llegaban los que morían comúnmente; el Ichan Tonatiuh Ilhuícatl (el cielo que es la morada del Sol), lugar exclusivo para los muertos en combate, las madres fallecidas en su primer parto (hay quienes dicen que incluso de partos posteriores), los sacrificados al Sol y los comerciantes muertos en viajes mercantiles; el Tlalocan (lugar de Tláloc) que consistía en un paraíso de vegetación, acudían a él los golpeados por un rayo, los ahogados y los que morían víctimas de "enfermedades acuáticas"; y el Chichihualcuauhco (lugar del árbol nodriza) donde iban los niños muertos durante su período de lactancia, esperando una segunda oportunidad de vida (como vemos, creían en una especie de reencarnación pero exclusiva para los seres que no tenían oportunidad de vivir algunos años).

¿Por qué morían los hombres?
Cada destino de los muertos, era dominio de un dios, cada dios requería súbditos y los mataba con sus poderes específicos, por lo que la muerte significaba una toma de posesión de algún dios. Los muertos en sus exequias, eran ataviados con la indumentaria especial relacionada a sus nuevos amos.

¿Cómo era seleccionado un "súbdito" por los dioses?
La forma de morir se encontraba condicionada de alguna manera a las conductas observadas en vida del individuo, pero no todas las elecciones dependían de la buena conducta o de la devoción de cada hombre por un dios en particular, si no también respondían a ofensas o faltas a un dios en especial, por ejemplo: si un hombre acumulaba en su vida chachihuites (las joyas de Tláloc), enfurecía al dios y éste lo mataba de un rayo o ahogado, así, vemos una concepción de "premio-castigo" derivado de su forma de vida.

¿Qué hacían los muertos en sus nuevas moradas?
Los muertos al llegar a sus moradas finales, eran asignados al cumplimiento de tareas importantes tales como conducir la lluvia, hacer brotar plantas, honrar al Sol en su camino, causar o curar alguna enfermedad etc. Estas eran funciones cósmicas y cumplirlas era más importante que el premio o el castigo, no existía ningún paraíso del ocio, iban a trabajar. Al menos en el Mictlan y la Casa del Sol, estas tareas duraban cuatro años y después, el hombre desaparecía.

Si desaparecían tras un período, ¿por qué creer en el más allá?
La primera razón, era el auxiliar a los dioses causantes de su muerte durante este período, pero existía una razón mucho más importante, perpetuar la especie humana, ¿cómo?

Todas las criaturas tenían un corazón, depositario de la naturaleza divina e indestructible, donde residían las características esenciales de su especie o clase. Era el don del dios que había creado esa especie a partir de sí mismo. Al morir, su corazón viajaba a este mundo de la muerte y recibía una "limpieza" (el período de trabajo para el dios en el caso de seres humanos) que borraba toda existencia individual y quedaba como una simple semilla divina, que era reutilizada en la creación de otra criatura semejante sobre la tierra. No es que fuese una reencarnación con identidad individual, si no una especie de "reciclaje" de semillas divinas.

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