Mi primera vez en Chichen Itza
o de como insolarse fácilmente (II)

(viene de la página anterior)

Siguiente parada, una tienda para tomar un refresco y comprar libros muy recomendados por el guía, pues ahí fue donde quebré la economía familiar y me hice de varios ejemplares que estoy en proceso de lectura. Al terminar el breve descanso y la intensa compra, pasamos por el cenote "de agua para beber" llamado Xtoloc (lagartija) donde se encuentra un pequeño monumento dedicado a esta deidad, este era el cenote que servía de abastecedor de agua a la población cercana a Chichén Itzá, pues la gente no vivía propiamente dentro de la ciudad, pues esta era el centro religioso, político y comercial, las casas habitación se encontraban en los alrededores.

Ultima parada con el guía, el conjunto de las Mil Columnas, que en realidad eran varios edificios tales como el Mercado, el Templo de los Guerreros, donde en su entrada principal esta el famoso Chac-Mool que aparece en todos los promocionales de la tierra del Mayab y de México, las columnatas Norte y Oeste y el Baño de Vapor, también se encuentran más edificaciones que no han sido del todo exploradas, todas las columnas sostenían el gran techo pues eran espacios cerrados, aun pueden observarse en las columnas los grabados y relieves con las que estaban decoradas, no solo eran columnas y ya, representaban escenas religiosas e históricas.

Hasta aquí nos asesoró el guía y nos dejó a "vagar" dos horas, quiero decirles que era la estación seca y Chichén Itzá se encuentra lejos del mar, por lo que era medio día y estaba muy seco y a una horrorosa temperatura de 40°C y no soplaba ni un poquito de aire. Bueno, nos sentamos unos minutos a planear qué haríamos, definitivamente otra vuelta por la zona antigua de Chichén Itzá y a conocer el Cenote Sagrado o de los Sacrificios, pero antes, un trago de agua…. Olvídenlo, hervía, aquí empezaron mis problemas, soy "hidraúlica".

Pues fuimos a la zona antigua, fotos y más fotos, revisamos con más detalle los edificios y donde nos fue posible entramos, aun que de haber existido algo dentro, seguramente se encuentra en un museo pues estaban del todo vacios y muy oscuros, tampoco había rastros de pinturas, cosa rara en los mayas pues tenían la costumbre de adornarlo todo, yo me acordé de una leyenda maya donde aparecía una mano de sangre pintada en todos los templos, pero por más que la busqué no vi ni una mano, bueno, pensé, por algo es leyenda. De vuelta al Castillo, más fotos y como sólo nos quedaba una hora, preguntamos si estaba lejos el Cenote Sagrado, nos dijeron que no, que como a 300 metros de donde estábamos, pero cuando el calor y el sol aprietan y no hay agua que beber, 300 metros pueden significar una "muerte chiquita"...

Para cuando llegamos al Cenote Sagrado, yo era ya un caso perdido, tan solo me asomé poco para tomar unas fotos y me senté desfallecida en una tienda de refrescos que hay estratégicamente junto al Cenote Sagrado, mi marido aún con fuerzas que solo el cuerpo masculino proporciona, bajó a ver el Cenote más cerca y a hacerme el favor de tomar fotos más decentes que mis distantes tomas, ahora sé que parte del sacrificio consistía en llegar decentemente hasta la orilla y no en mis pobres condiciones, aquí se acostumbraba sacrificar doncellas llenas de joyas, guerreros, jóvenes, niños y ofrendas de piedras, cuchillos, plumas y todo lo que los mayas consideraban agradable a sus dioses, a la orilla del Cenote y en su parte más alta, existen los restos de una plataforma desde donde se lanzaban los sacrificios y los sacrificados, es una especie de plataforma de clavados y estoy segura que son más de 10 metros. Recordando la tradición de pedir un deseo y lanzar una moneda a una fuente, tomé (desde mi cómoda posición en las alturas donde me quedé a descansar) una piedrita y la lancé, no lance una moneda pues me parecía un atentado ecológico, verdaderamente tardó la piedra en sonar en el fondo, no sé que profundidad tenga el Cenote hasta el nivel del agua, pero siendo época seca, esta era aún mayor a donde se veía la marca de agua que alcanza en época de lluvias, yo no pedí ningún deseo, mas bien me hice un compromiso, el compromiso de volver un día con mis hijos y enseñarles la grandeza maya, enseñarles a maravillarse como me maravillo yo, enseñarles a amar las culturas precolombinas como las amo yo... y también me comprometí con los mayas a aprender más y más de ellos.

El regreso a la salida fue mi acabose, ahí perdí la compostura y el buen andar, los pies me dolían irremediablemente y todo el equipo "Indiana Jones" pasó a ser una verdadero martirio si le sumamos el sofocante peso de los libros que compré…. Llegamos por fin a la salida y para mi sorpresa y la maldición (que proferí) al guía, justo junto a la parada del autobús, vendían los mismos libros que cargué durante horas …. y kilómetros, recuerden que cuando un guía les dice que ése es el único lugar donde venden los recuerdos, se refiere a que es el único lugar donde su hermana, su prima, su compadre o su vecino los venden, existen más lugares de venta y más cerca del autobús, pero ni hablar, cuando las mujeres oímos la palabra compras, no nos detenemos a "procesar" la información y visceralmente encontramos el método más rápido e impulsivo de acabarnos el dinero….sin importar las consecuencias...

Hora de irnos al pueblo de Pisté a una comida que incluía el paseo donde servirían platos típicos de la zona, puse un pié en el autobús y casi me da un infarto, el aire acondicionado estaba tan frío, que si se hubiera subido un pingüino conmigo se hubiera "pelado". Llegamos a la comida que estuvo muy sabrosa y presenciamos bailes típicos de la región, bailes mestizos, a mi la cabeza me "explotaba" y no obstante lo colorido de los bailes y de los bailarines, me urgía salir de ese calor agobiante.

De vuelta por la carretera, hicimos aún dos paradas más, una a la ciudad de Valladolid (muy pintoresca) con una bonita catedral frente a una limpísima plaza llena de plantas y bancas y otra a una de las pocas comunidades con sangre pura maya que aún queda, ahí aprovechamos para hacer compras de artesanías y escuchar hablar a los mayas su preciosa lengua, lo curioso del lugar es que uno les dice "maestro (así les decimos a cualquier experto en su oficio), cuanto vale el mantel". Y el maestro le dice más o menos (pues su español es peor que su inglés) "pos costa 200 dolars, pero si no gusta a usté el costo, ¿cual costo le gusta poner?" Yo estaba estupefacta, en que otro lugar le dicen a uno cual es el costo que le gustaría pagar por un artículo, bien cierto es que la ética maya consiste en la justicia, si el precio a uno no le parece justo, existe la posibilidad de hablarlo y llegar a un acuerdo. Me explicaba el "maestro" que tienen "asesores" y "promotores" que son los que les orientan en los precios que pueden pedirle a los turistas por sus obras, pero que a veces a ellos les parecen injustos y muy altos pues saben lo que su trabajo cuesta, entonces su ética les "hace" negociar un precio justo.

Claro que nunca falta una persona que quiera aprovechar la ya casi extinta justicia maya y trate de abusar de los artesanos, pero no, no pueden y esto me hizo sonreir de satisfacción, pues cuando una persona de mi grupo quiso pagar una miseria por un mascarón de barro, el maya le dijo "señor, soy pobre y no soy "léido" (educado) pero no soy estúpido (lo dijo exactamente con una palabra que no puedo reproducir por ser grosera pero que básicamente significa lo mismo) y usté me quiere engañar así que no me interesa venderle nada onque (aun que) me pague lo que le pedí". Esa es la dignidad de un hombre.

Al autobús y de regreso, al llegar al hotel (10 de la noche) y tras todo lo que les he contado, sumado a tanto cambio de clima (congelación en el autobús, fritura en el sol) acabé en cama toda "pasteurizada" e insolada, vértigo, temperatura y un insoportable dolor de pies.

Aún así, amigos, la experiencia de "vivir" un día en Chichén Itzá, bien valen varias "muertes chiquitas".

Fue el mejor cumpleaños que he vivido... hasta hoy, quizás el próximo lo viva en algún otro lugar mágico como Chichén Itzá.

Indice de Apuntes