Eres Tú el Mismo de la Piedra y de la Honda

Por Salvatore Quasimodo

Eres tú el mismo
el mismo de la piedra y de la honda,
hombre de mi tiempo. Estabas en tu escondite,
yo te he visto,
con tus alas malignas, meridianos de muerte,
y en el carro de fuego, en el patíbulo,
y en la rueda maldita que tortura.

Yo te he visto. ¡Eras tú!
Con tus ciencias exactas hambrientas de exterminio,
sin amor y... sin Cristo. Has seguido matando
como siempre; como hicieron los padres, como mataron
aquellos primeros animales que encontraste.

Esa sangre está clamando al cielo
como la de aquel día,
cuando un hermano dijo al otro hermano:
vámonos de paseo. Y ese eco frío,
cortante,
ha llegado hasta ti, metiéndose en tu vida.

No penséis más, pequeños, en las nubes de sangre.
Alzaos sobre la tierra, ignorad a esos padres:
que sus tumbas se encuentran hundidas ya en el polvo
y hay pajarracos negros a su lado, y un viento loco
cubre su corazón.



Volver