La propiedad es un don de los Cielos (o De cómo, finalmente, Dios tuvo que hacerle caso a Luis Pazos)
Al parecer, la historia fue así: En el principio, Dios, el Creador, lega a los hombres la tierra entera, en propiedad común, y les dice:
--Repartíos la tierra; por justicia dad a cada cual lo que le corresponda por su trabajo y por las leyes de su nación; mas, por amor, dejad que cada cual tome lo que necesite.
Siglos más tarde, concluído el reparto, Dios, el Eterno, regresa y echa una ojeada al mundo. Con disgusto infinito descubre que el planetita resultó muy pequeño para tantos y tantos aspirantes a la propiedad, y que, además, la inmensa mayoría de los hombres fue desposeída por unos cuantos. Queriendo restituir a los desposeídos lo que esos pocos les quitaron, Dios, el Misericordioso, dice:
--Mando que los hombres os améis los unos a los otros, y que compartáis, sin avaricias ni envidias, todo cuanto os he legado.
Y para asegurarse de que esta vez Su mandato sea escuchado, Dios, el Providente, envía a la tierra a Su Hijo. Sin embargo, muy lejos de escuchar al Hijo, los hombres le propinan tan tremenda zurra, que apresuradamente regresa al Padre por vía aérea. Dios, el Omnisciente, dice:
--Puta, ¿y ahora qué hago?
Y se pone a estudiar a fondo la cuestión, hasta que, sólo diecinueve siglos después, tiene una idea genial.
--A ver, León, vete preparando porque te voy a inspirar la Rerum Novarum.
Y es allí donde Dios, el Justo, dicta:
--Mando que los ricos den y repartan con facilidad entre los pobres, cumpliendo así con la función social de la propiedad; pero mando también que los ricos no den ni repartan tanto que ellos mismos se empobrezcan, cuidando así la dignidad de la persona y evitando los paternalismos.
Un siglo más tarde, hacia el 2000, Dios, Nuestro Padre, regresa y echa una nueva ojeada al mundo. Con gran pesadumbre, encuentra que los ricos son ahora no solamente dueños de la tierra, sino también dueños de la industria, del comercio, de los gobiernos, de la información, de las ideas y de la conciencia de los hombres. Y Dios, El Que Es, dice:
--De plano tiene razón Pazos: el socialismo es obsoleto.
Y es entonces cuando Él, el Inmutable, adopta una solución pragmática, mandando que Su Iglesia pregone por todas la naciones el Decreto que sigue:
--Que los propietarios sean empresarios y den empleo a los desposeídos; si no hay empleo, que les den limosna; si no hay ni para la limosna, que los desposeídos recen y aguarden el milagro; si no hay milagro, que aguanten hasta que el gobierno haga algo; y si no hace nada, que sigan rezando y aguantando, a ver cuando da frutos el neoliberalismo.
Viva la anarquía
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