El Misterio de la (Triple) Transustanciación


Señores católicos, sé que están furiosos conmigo porque me he reído de sus doctrinas y he negado la presencia real, verdadera y sustancial de Jesucristo en la hostia. Sé que me odian por haber dicho que la doctrina es el colmo de la ridiculez y el absurdo.

Muy bien, ¿qué les parece si negociamos?, ¿qué les parece si cedemos todos un poco? Y seré yo quien dará el primer paso. Voy a concederles no un poco, sino todo. Voy a creerles TODO lo que dicen.

De acuerdo, les creo: Jesucristo está en la hostia, el panecillo se ha transmutado, por obra y gracia de la Omnipotencia, en el cuerpo y la sangre de Cristo. Es absurdo, pero... en fin, como Tertuliano, voy a creerlo porque es incomprensible. Y les sigo creyendo: es un hecho insondable, un hecho inescrutable, un hecho portentoso. Vana filosofía y vana teología las que intenten explicar lo inexplicable: un panecillo que se ha vuelto dios.

(¿Lo ven? ¡Les estoy concediendo todo! No digan, pues, que soy uno de esos estúpidos positivistas o dogmáticos del materialismo)

Y les creo también esto: el devoto toma la Eucaristía y entonces Jesucristo penetra su alma y la conquista. A partir de ese momento la Gracia Santificante permea el alma entera del devoto y le devuelve su pureza original, así como el Choco Milk penetra la sustancia de la leche y le cambia el color de cada partícula, transmutándola de blanca a café.

(¡Uau! ¿Ya vieron qué accesible y qué condescendiente estoy? ¡Qué bárbaros, hoy me cogieron de buenas!)

Muy bien... pero ahora les toca a ustedes. Ahora créanme a mí, ahora concédanme a mí algo.

Y es esto: también Franco y Pinochet están en la hostia. También los dos Generalísimos están real, verdadera y sustancialmente en la hostia. También su cuerpo y su sangre están ahí milagrosamente. Ahí están el par, muy juntos y apretujados, y abrazados a Jesucristo (¡huy, pero qué lindo Trío!). Por ello, cuando los devotos toman la Eucaristía, no sólo es Jesucristo el que penetra y conquista su alma. También van ahí Franco y Pinochet. De modo que los devotos no sólo se convierten en muy buenos católicos, sino también en magníficos fascistas (y a las pruebas sensibles me remito: ésos que van mucho a misa, ésos que comulgan mucho son los peores entre los peores fascistas. ¿Acaso no? ¡Vamos, pero si eso se puede ver a simple vista!

Y esto, Franco y Pinochet en la hostia, también es un misterio insondable, algo inalcanzable para la mente finita. Otro hecho inescrutable del Ser...

(¿Qué cómo lo sé? Bueeeeno... pues me fue revelado. ¿Algún problema?)

¡Cómo! ¿Esto no me lo quieren creer? ---Ah, ¿conque esto SÍ es absurdo e increíble? ¡Vamos, muchachos! ¿No ven que es un milagro? ---Oh ¿conque la Tradición y Magisterio tienen que apoyar eso y el Concilio sancionarlo? Bueno, bueno, es cierto... ¿y qué con eso? La ciencia es limitada, la teología es imperfecta –¡ustedes mismos nos lo recuerdan todos los días! No debe, pues, extrañarles que hasta el día de hoy nadie lo supiera. Pero ahora lo sabemos.... ¡ALELUYA!, ¿no están contentos?)

Viva la anarquía



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