Liberalismo y neoliberalismo

Sergio Sarmiento dice que el neoliberalismo no existe. Es sólo una palabra inventada por la izquierda para agredir o insultar. Sólo existe, según él, el viejo y respetable liberalismo.

Pero se equivoca. El neoliberalismo es real. Y puede definirse así:

Neoliberalismo igual a liberalismo menos metafísica.

Un liberalismo utilitario, fundamentado ya no "en la naturaleza y sustancia humana", sino en la naturaleza y sustancia del Gran Capital.

Los (vetero)liberales hablaban, con gran respeto y convicción, de "leyes de la naturaleza", de "derechos dados por el Creador", de "verdades evidentes de suyo" (Declaración de Independencia, 1776), de "derechos naturales, inalienables, innatos y sagrados" (Asamblea Constituyente, 1789), de "leyes de la razón" (Locke) o de la "naturaleza racional del hombre" (Ayn Rand). Y si bien este (vetero)liberalismo era, básicamente, una ideología de gente acomodada, una filosofía de, por y para propietarios, al menos era honesto. Tenía fe en la libertad, una fe sincera, sustentada en la teología y la metafísica. Hasta el fisiocrático y mercantil Laissez faire era filosófico. Significaba: No estorbéis, dejad que las leyes naturales sigan su curso, dejad hacer a la Mano Invisible. Y el axioma secreto, aunque fundamental, de este liberalismo: Tener es Ser, era toda una propuesta existencial: había que tener, había que ser propietario para ser libre, y había que ser libre para ser hombre, en su más profundo y verdadero sentido.

Eso era antes. Pero hoy es hoy. De algún tiempo para acá, desde que los filósofos dejaron de creer en la libertad, desde que el positivismo aniquiló a la metafísica, desde que los negocios y los intereses suplieron a la religión y la ideología, desde que la prensa y la tv tomaron el lugar de los buenos libros, el liberalismo cayó en manos de financieros y tecnócratas... y se hizo neoliberalismo.

Y desde entonces ya no hay más derechos naturales, innatos, sagrados y divinos; sólo quedan derechos positivos, contractuales, profanos y seculares. No hay más leyes naturales y verdades autoevidentes; sólo abstracciones científicas e hipótesis operativas. Tampoco quedan ya seres de naturaleza racional; sólo compradores compulsivos y vendedores graduados en mercadotecnia. Ya ni siquiera existe Dios; el Gran Capital ha tomado su lugar. Este neoliberalismo no cree en la libertad, sino en el Poder. Tener ya no quiere decir ser hombre verdadero; ahora significa mandar. El Laissez faire nada tiene que ver ya con la metafísica; ahora significa algo mucho más terrenal: No estorbéis, dejad que me haga rico. Y la Mano Invisible no es ya la de Dios, sino la de la política y el contubernio.

Son otros tiempos. El (vetero)liberal decía: La libertad es la Verdad; el capitalismo, su consecuencia necesaria. Hoy el neoliberal dice: Nada es Verdad, excepto el Poder y el dinero; y el capitalismo, su requisito indispensable.

Viva la anarquía



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