¡Jamás ángel!
No es cierto que después de la muerte yo, o mi alma, tengamos que vivir desencarnados y flotando en el éter
Porque mi alma no existe, porque yo no tengo un Yo
Porque yo soy cuerpo y nada más
Porque yo soy mundo, estoy hecho de mundo por fuera y
por dentro, desde las uñas hasta mis pensamientos más
sublimes
(Y qué bueno: ¿para qué querría yo un Yo eterno? ¿Para
qué querría ser el mismo pobre diablo por los siglos
de los siglos?)
Soy mundo: soy eterno
Y viviré siempre.
Cuando mi cuerpo muera mis cenizas se dispersarán (es
cierto)
y se convertirán en otra cosa (es cierto)
y yo no seré yo (es cierto)
Pero yo nunca he sido yo (así que... ¿cuál es el
problema?)
Mejor ser lo que soy: nada.
Es decir, todo.
¡Jamás ángel!
Si después de la muerte quieren convertirnos en una miserable flamita que divaga en los senderos de los vientos, hay que rebelarse. ¡Para qué el descanso eterno en el seno del aire, a la sombra de la amarillenta gloria, entre los balbuceantes coros bidimensionales! Hay que incorporarse a la piedra, al árbol, a la hendidura de la reja del jardín. Más vale ser rechinar del piso que horror transparente de perfección. (Zbigniew Herbert, poesía polaca contemporánea)
Permaneced fieles a la tierra
Viva la anarquía
Volver
|