CARTESIANISMO, o El Fantasma en la Máquina


Ella estaba poseída.

Su cuerpo, penetrado por el Mal, se convulsionaba y arrojaba los orines, las heces y los miasmas infectos de la Concupiscencia. A través de sus ojos, el Espectro se asomaba al mundo, y su mirada, lacerante, mostraba el Odio acumulado por siglos.

El exorcista llegó junto a ella y enfrentó al Espectro. Con voz firme recitó los Upanishads y mil veces invocó al innombrable Brahma.

--¡Tat tvam asi! ¡Tat tvam asi!

Ante cada palabra, el Espectro aullaba ultrajado, vomitando la perversidad y obscenidad de la Soberbia. La Iniquidad exhibía su rostro abominable en aquel cuerpo. Su piel, pálida y suave, poseía la frialdad del Endiosamiento.

De vuelta a la carga, el exorcista leyó el Sermón de la Montaña. Bendijo la paz inefable del nirvana y roció aquel cuerpo con las aguas sagradas del Ganges.

--¡Tat tvam asi! ¡Tat tvam asi!

El cuerpo se hinchaba con los fluidos acres de la Codicia. El Espectro reía con toda su fuerza y exhalaba los fétidos eructos del Deseo y la Satisfacción.

El exorcista maldijo la civilización occidental. Quemó la Ética a Nicómaco, escupió sobre la Filosofía en el tocador, despedazó con sus manos El Único y su Propiedad, y pronunció las Cuatro Nobles Verdades del Iluminado.

--¡Tat tvam asi! ¡Tat tvam asi!

El Espectro defendía con fiereza su posesión. Aquél cuerpo era suyo, suyo entrañablemente, sí mismo. Y no lo dejaría...

El exorcista golpeó mil veces con su vara aquel cuerpo. Recitó el Tao Te Ching, repasó los koanes de Chuang Tzu y Huang Po, e imprecó con aspereza el dualismo del Fedón y las Meditaciones metafísicas.

--¡Tat tvam asi! ¡Tat tvam asi!

El Espectro parecía triunfante. Estaba adentro, muy adentro, en aquel cuerpo sometido. Estaba a punto de pronunciar Su Nombre, el nombre terrible y maldito que sellaría para siempre todas las salidas.

Vencido y desfalleciente, sin saber qué hacer, el exorcista pateó y derribó el revistero, y pisoteó Cosmopolitan, Jet Set, Vogue, Elle, Vanity Fair, Glamour, New Woman, Mademoiselle, Bazaar, Good Housekeeping y Hola.

Eso fue suficiente.

Un alarido espantoso, proveniente de ninguna parte, precedió la huída del Espectro.

Yo fue arrojado de ella.

(Alguien jura que entró en el televisor).

Sólo quedaron la Materia y la Electricidad.

Ahora ella prodiga su belleza, su canto, sus sueños, sus caricias. Su amor.



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