Cerdofobia y Respuesta

por Br@ubalin

(Nota: "Mitakuye oyasin" -nombre de la culumna-, es un saludo Lakota que significa: "Somos todos hermanos", o "Por todas nuestras relaciones")

"...una tarde, leyendo las noticias del periódico municipal, tropecé -y me exalte- con un articulo técnico sobre la alimentación humana y la muerte porcina. Y así fue como redacte todo lo que sigue a continuación..."

Apreciados Director y Redacción de Aldaixet,

Atraído por el significativo titulo del articulo del Doctor Juan Luis, "Cerdofobia", aparecido en el nº 4 del periódico "Aldaixet", leí el mismo todo de un tirón. Realmente asombroso; me hizo recordar muy de cerca una pasada campaña publicitaria, de una nota fabrica de fiambres y embutidos, que exaltaba las características organolépticas -y bajas en calorías y grasas- de la carne porcina. Pero, en dicho articulo, el punto que me hizo reflexionar y escribir ha sido sobre la "... cuidada selección genética que han llevado a cabo las industrias y, por otro, a la mejora de los piensos que han utilizado en su alimentación...".

Me imagino que el Ilustre Doctor y Nutrólogo que firmó él articulo, por la cuidada selección genética del cerdo, se refiere a su encierro en diminutas jaulas que, con el uso desmesurado (y en dosis industriales!) de hormonas, antibióticos y sedantes, han conseguido, a lo largo de estos fatídicos 40 años, en España rebajar la cría del cerdo desde 1 año a 180 días y aumentar las ganancias de las industrias relacionadas. Por lo que concierne la mejora de los piensos, cabe destacar el "enriquecimiento" de estos últimos de sustancias químicas de dudosas -por no decir peligrosas- utilidad para las/os Consumidoras/es.

Una de ellas, el clenbuterol, que en medicina se emplea en pequeñas dosis como estimulante en procesos asmáticos, en la alimentación del cerdo tiene un doble efecto. Por un lado "tranquiliza" el animal en la obligación de comer constantemente para engordar y por el otro -y, atención por favor, aquí viene el "milagro" de la selección industrial!- disminuye el porcentaje de grasa y aumenta la proteína y confiere, al cadáver del cerdo, una atractiva coloración rojiza que, unidamente a las luces en los mostradores de las carnicerías, hace que esta carne manipulada sea realmente seducen a los ojos del Consumidor.

Pero lo peor de todo esto es que todas sustancias ingeridas, por los animales de matanzas industriales, residen en sus carnes y, añadiéndose a los productos de la putrefacción (a pesar de las cámaras frigoríficas y otras clases de conservantes añadidos a los canales), pasan inexorablemente en nuestros cuerpos.

No voy a citar ahora los numerosos casos de envenenamiento por clenbuterol, dioxina, organoclorados, etc., que forman parte de la habitual alimentación (animal y humana), que la prensa y las revistas especializadas con abundancias reflejan en sus numerosos artículos.

Con toda seguridad y paralelamente a la gigantización industrial, como afirma el Doctor Juan Luis, se ha desarrollado y mejorado la cría natural del cerdo. Pero no se trata de la carne que todo el mundo -y exceptuando unos pocos privilegiados- en su casa come. Por regla general, las carnes y embutidos plastificados, que podemos encontrar en las mayorías de las tiendas y grandes almacenes son de muy baja calidad. Y los esfuerzos de las industrias no están dirigidos a mejorar la clase de vida de los animales -obteniendo así las verdaderas mejoras de las características nutricionales, sino a abaratar los costes de producción y la imagen (¡y solo ella!) superficial de sus productos.

Además, volviendo -y matizando- la forma de criar cerdos, quiero hacer una ultima consideración. Según el crecimiento de la población Española, en el 1960 se alcanzaron los 30 millones de habitantes. Hoy somos menos de 40 millones. Por lo tanto, un optimista aumento de la población Española del 30%, ¿Justifica un aumento del 100% de la producción de carne porcina?

No habrá sido para disminuir el numero de Paradas/os -para, obviamente, generar trabajo- dado que el porcentaje, de estos ultimos, ha ido aumentando a lo largo de la misma época citada. Ni tampoco, el evidente exceso de producción porcina, ha sido destinado a donde el porcentaje de mortalidad por hambre es bastante más alto que los de las/os Paradas/os españolas/es. ¿A quien ha beneficiado, realmente, el aumento y la "mejora" de la carne de cerdo? ¿A Muchos o a Pocos?

Quién quiera, al igual que yo, puede hacer sus personales investigaciones, comparar las distintas tendencias, ver los efectos de las citadas sustancias en el organismo humano (por los que no les interesa el sufrimiento animal!), las presentaciones en los escaparates, los anuncios publicitarios y, sobre todo, reflexionar con ideas propias sobre el tema.

Confiando que mis inevitables alusiones sean de estimulo positivo y no consideradas como unas pedantes criticas, agradezco la Redacción de Aldaixet y el Doctor Juan Luis que han incitado mi publica reflexión.

Esperando que, a favor de la Cultura del Pueblo de Aldeas Blancas, el tema de la alimentación persista en las paginas de este periódico; con sincera amistad me despido, braübalín.

En Aldeas Blancas, a 7 de octubre de 1999

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Cerdofobia
"Aldaixet"
Número 4 - Octubre 1999 Pág. 22

Uno de los condicionantes que más nos influyen a la hora de escoger un alimento y de incluirlo en nuestra dieta habitual es la "etiqueta" que tradicionalmente se le haya asignado o lo que determinadas campañas de márketing nos han hecho creer. Con lo que nos encontramos, por una parte, con alimentos que son beneficiosos para la salud por estar dotados de excelentes cualidades nutricionales y otros que, por el contrario, quedan marcados como insalubres, hipercalóricos o poco recomendables en general. En algunos casos, estas creencias suelen estar más o menos justificadas, pero muchas veces no responden a ningún criterio razonable desde el punto de vista dietético ni nutricional.

Este es el caso del rechazo que paulatinamente ha ido adquiriendo la carne de cerdo o lo que incluso se ha llegado a denominar cerdofobia, un fenómeno que se viene produciendo en España desde hace algunos años y que aún perdura tanto a nivel de la población general como de muchos profesionales de la salud, que no la suelen recomendar y mucho menos incluir en sus dietas.

Así, el cerdo ha pasado de ser la carne más consumida en nuestro país a ser sustituida cada vez más por otras piezas pro- cedentes del ganado vacuno u ovino, y sobre todo por especies de corral, como el pollo o el pavo, consideradas menos grasas y, por tanto, aparentemente más aconsejables.

En la realidad económica de hace cuarenta años, estas reticencias podían ser razonables, pero hoy en día no lo son en absoluto, ya que, como se desprende "de un reciente estudio, la cantidad de grasa total que presentaba una canal de cerdo en los años cincuenta era del 40% de su peso; en cambio, hoy en día y debido, por un lado, a la cuidada selección genética que han llevado a cabo las industrias y, por otro, a la mejora de los e los piensos que han utilizado en su alimentación (a base de cereales y con tan solo un 10% de grasa), han conseguido disminuirla a sólo un 20%. Esta disminución en la grasa total aún ha sido más acusada en determina- das partes del animal, como son el solo- millo o el lomo, en los que por cada 100 gramos de alimento tan sólo 2 son de grasa, frente a los 5 de la ternera o los 12 del cordero.

A nivel energético puro las diferencias aún son más claras, ya que 100 gramos de solomillo o de lomo de cerdo sólo tienen 100 calorías, a diferencia de las 130 que aportan alimentos considerados tan "de régimen" como la pechuga de pollo o la ternera magra.

Por otra parte, cabe mencionar que tan importante como la cantidad de grasa es la calidad de la misma y su grado de saturación, debido fundamentalmente a que la de tipo saturado aumenta los niveles de colesterol en sangre. Pues bien, sólo e130% de la grasa del cerdo es de tipo saturada, frente al 50% de la ternera o el cordero. Este último dato es especialmente importante, ya que incluso si comemos partes del cerdo menos magras, como las chuletas, el jamón e incluso la panceta, estamos ingiriendo una grasa mucho menos perjudicial que la procedente de otros alimentos.

Después de todo lo anteriormente indicado y teniendo en cuenta que actualmente se recomienda un consumo moderado de carne, que no exceda de tres veces por semana, se puede afirmar que el cerdo tiene cabida dentro de esas recomendaciones, sobre todo en lo que respecta a sus porciones más magras, espaciando en lo posible las porciones grasas y en especial los embutidos, pero sin renunciar a tomarlos de vez en cuando, ya que una alimentación inteligente no excluye ni estigmatiza ningún alimento, sino que se basa en criterios razonables y contrastados.

Juan Luis C.
(Médico y nutrólogo)



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