Juro que hay algo en el Cosmos que no Funciona
por Fregulno
Hace unos días estaba yo arreglando el balcón de mi casa. De repente oigo el grito simultáneo de dos individuos que caían a la par precipitándose hacia el vacío:
- AAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHH.
Al tiempo que pasaban exactamente a la altura de mi apartamento; en el piso 666 de la calle nefandodédalo.
Bien, el caso es que dada la altura se ve que les quedaba todavía un cierto trecho por recorrer; yo, como que no tenían marcha atrás posible, opté por no estirarles mis manos prefiriendo escrutar la caída. Sí, ahora me llamarán sádico, pero ¿qué hubieran hecho ustedes, listillos?
Pues lo cierto es que, mientras observaba yo el evento, repentinamente paró el aullido; yo me acerco lo más posible a aquel considerable precipicio y oigo decir a uno de ellos:
- ¿Por qué gritas tú tan alto pedazo bestia? ¿Es que no ves que me muero?
- Sí, veo que te mueres y que además ya hace tiempo merecías morir, gandul.
- ¿Yo? ¿Merecer morir? ¡JJAASSSCCHHHSSSS! ¿Porqué? Me acabo de resbalar en el alféizar cuando sólo pretendía ver ducharse a la vecina del 999-B-esc.dcha. ¿La conoces?
- ¡Ostín que sí! ¡Vaya que si la conozco, yo y todos los del 999 esc. Izda. Pues de hecho tenemos instalada una réplica del primitivo telescopio de Kepler para contemplarla. No tiene muchos aumentos, el telescopio digo, pero no había guita para más, y para un espacio urbano es más que suficiente. Lo único malo es que en el telescopio de Kepler la imagen se ve al revés. Y claro... usted imagínese.
- Pues ahora que caemos de cabeza la veríamos al diestro ¡Vaya ironía! ¿no te parece, mendrugo?
Y claro, aquellos dos tipos que ante el atractivo de la conversación se habían olvidado de sus inminentes desdichas, después de aquel último comentario no pudieron evitar acordarse los dos del trance, repentinamente:
- AAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHH –se oyó nuevamente-.
- AAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH.....
- Bueno, y dígame si no es indiscreción, y usted porqué se cae.
- Pues además de ser tan patoso, tienes una mente muy restringida y poco abierta, tío escandaloso. Yo no me caí, yo me tiré, porque soy muy desdichado. Resulta que hace un mes mi prometida me vio mirando a la vecina del 999-B-esc.dcha. por el telescopio de Kepler.
- ¿Y no te tiró ella misma?
- Para nada, cogió y se fue con el perro, las llaves del coche, la cuenta corriente a su nombre... en fin... dio un sonoro portazo y se largó. Y ahí me quedé yo. Soy un desdichado. A los pocos días recibí una carta suya diciéndome que tenía que desalojar el piso inminentemente pues quería irse a vivir con el vecino del 111-g.g.-esc.siniestra. El piso está también a su nombre. Así que... ya ves, la situación de mi vida era totalmente desesperada... y siendo tan desdichado decidí ponerle fin.
- Lo que eres es un majadero. Vamos, que tú ni siquiera pones los cuernos a tu novia sino que como a un palurdo te pilla mirando a otra tía a través de una arcaica lente torcida. Tenías la cuenta a su nombre, y el piso, y te habías dejado las llaves del coche en el vestíbulo ¡Pero tío! Tu eres un mutante. Lo mejor es que te extingas cuanto antes con todo tu rastro genético, sin duda alguna.
- ¿Cómo puedes ser tan insensible, frío e indiferente ante la radicalidad de la situación?
- Pues sí, botarate, mientras que yo cumplía en toda regla con la normalidad de la especie y de la ciudadanía, estando muy a punto para lograr mi fin con la vecina, pues he aquí tamaño infortunio, voy y me caigo. Yo no me tiré pues amaba la vida. Tú no obstante, además de torpe, tonto. Y ahora tengo que escuchar tus gritos con los míos en el último momento. Y caerás a mi lado contra el pavimento y te aplastarás asquerosamente y me salpicarás. Recogerán tus restos y los míos desparramados todos conjuntamente... ¡Que asco!... además... ¿Qué has comido ayer, por ejemplo?
- Tortilla de ajos con morcillitas con cebolla, cogollos, un poco de salsa de tabasco con pimientos picantitos y un vinito peleón para despedirme, claro está.
- ¿Lo ves miserable? ¡Es repugnante! Mientras tanto yo, que soy vegetariano y disfruto de un estado fisiológico de lo mas selecto, tendré que despaturrarme entre tus repugnantes humores viscerales de glotón desesperanzado.
- AAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH...
– Volvían a gritar aquellos dos convecinos, ahora enemigos-hasta-la-muerte. Pues de nuevo, rescatados del entretenimiento, veían la inminencia cada vez más cercana de su desastre irreversible.
- El cosmos está mal hecho –oí decir ya casi imperceptiblemente al vegetariano, ahora ya muy lejos- para individuos como tú debería tener el orbe algún tipo de resorte que los ayudara con un leve empujoncito, muy a tiempo, digamos que... al poco de nacer. Mientras que para señores como yo debieran los astros disponer de extremidades que nos rescataran, por ejemplo... pues ¡ya mismo!
- AAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH...
- AAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH...
- PLAFFFFFFFFFF.... POCHCHCHCHC... PLUJJJJ... CRUAJJJJ...
Miraba yo absorto, por completo anonadado, después de la prolija conversa de los dos desdichados aquellos, sin duda impactado, no tanto por lo chocante de la repugnante colisión que ahora se dibujaba sobre el asfalto cual lienzo de marrones, negros y rojos-Kandinsky, cuanto por lo profético de las palabras del tipo vegetariano aquel. Sus recorridos intestinales, sesos y todo su amplio crisol visceral, se encontraba ahora completamente entremezclado y confuso entre un plasma proteico común junto con los ajos y chiles con pimientos picantes del suicida desesperado aquel.
Después de lo ocurrido confieso que entré como en trance. Durante un largo tiempo, cuya noción ya había yo perdido, estuve absorto en cavilaciones por saber qué extraña lección el cosmos, la vida, me habían querido donar a través de aquel sobresaliente acontecimiento.
Primero pensé que él, el cosmos, estaba muy mal construido, luego que si su factura fuera buena, por fuerza muy malo debería ser su instinto e inclinación, pues aquel tipo vegetariano tan sólo culpable de resbalar, había predicho y evaluado toda la naturaleza de la situación con sorprendente escibilidad: Pues hallábase ahora despachurrado entre aquella tan antagónica mixtura junto con aquel otro tipo, desde luego mucho más torpe que él y muy a pesar de la torpeza tan simple de su libidinoso resbalón.
Pero finalmente, torturado ya entre tanta cavilación, comprendí que el cosmos era verdaderamente sabio, enorme e inmensamente omni-todo, y que en un misterioso lenguaje sólo para pocos me daba a entender que me estaba predestinada, tan sólo para mi, la vecina del 999-B-esc.dcha. ¡Ah! eso es, me dije, ¡¡¡Eureka!!!
Moraleja fregúlnica: Si tienes una vecina muy buena, vecindad bonachona me refiero, no te asomes hoy a tu balcón para mirar techo ajeno hacia las alturas de su cielo arrebatador, o te convertirás... ya sea por propia culpa o por accidente, ni más ni menos que en otro arrojado deficiente.
¿Deficiente de qué? Deficiente de un buen telescopio propio en lugar del común arcaico y ajeno, naturalmente; con el cual poder mirar con nitidez, siempre hacia arriba, y muy, muy, hacia lo lejos.
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