Un Concurso Trágico

por Aldus Sheviak

Trato de concentrarme a la vez que juzgo toda idiotez que cruza por mi mente, salgo de foco y observo que estoy perdido. Regreso al inerte teclado y rabio al no poder justificar mis letras con intensos pensamientos, uno no sólo escribe por formar palabras o por representar un ejército de hormigas, siempre debe de haber un "fondo" emocional o intelectual. Debe de haber razón alguna para que yo escriba esto, un pretexto sería mi novia. !Momento¡. No tengo. Debo de buscar... ¡ya sé! Voy a escribir por que me gusta por que me libero y siento que sólo yo comprendo lo que nadie mas debería de entender como un medio de expresión simple y llano más bien como un ejército de sentimiento que combate el aparato emocional del escritor del lector (¡ah caray!, ni Carlos Cuaúhtemoc Sánchez lo pudo haber dicho mejor). Aunque aparentemente he descubierto un buen motivo para seguir escribiendo estoy considerando seriamente la opción de salir de mi diminuto cuarto para acompañar a mis amigos una reunión más de tuvasos, (Paro tu vaso, Mario tu vaso...).

Qué bonito es salir y ver el sol brillar en lo alto de la bóveda celeste (conmigo soy el escritor Núm. 23452 que describe al cielo de esa manera), mirarse de arriba abajo y saber lo perfecta que está tu salud. Sí es perfecto, pero salgo a la calle: un frío de la fregada y una gripa que me está haciendo agua el cerebro, aún así emprendo mi viaje, a pata desde luego por toda la avenida Alejandro Martínez, ¿ quién fue ese bato?, ¿ qué hizo? Sabrá su abuela (por no decir su chingada madre)pero de seguro echó trompos en la Revolución Ficticia o quemó puertas en la Auto Independencia. Para mi da lo mismo si se llama A.M o Teófilo Narvago de todas formas me tengo que aventar las ocho cuadras para llegar a casa de Leonardo.

Caminando por la colorida avenida empiezo a curiosear a mi alrededor y observo recuerdos que aparecen como acciones actuales, la vez que besé a Gina en la banca del parquecito, cuando a Mauricio y a mí nos bajaron nuestra lana unos gandallas en la tiendita de doña Angelina, por un momento me sentí Mrs. Dalloway comprando flores. Por cierto uno de los mejores recuerdos fue que al pasar por la tienda de sombreros noté que un viejo me observó con atención, me detuve con el pretexto de ver el aparador y finalmente el anciano se acercó y afirmó conocerme. Cuando salto de su garganta mi nombre con apellido, me tranquilizo diciendo que era Don Jorge el amigo de mi abuelo Gil, inmediatamente me cayó el veinte y platique con él un largo rato. No sé por que me emociono tanto la plática con el amigo de mi abuelo, pero después de salir de la tienda de sombreros en lugar de sentirme como un personaje woolfesco más bien actuaba como uno tarantinesco, sin pena, seguro de lo que hacía, como si ir a echarme unos vinagres a casa de un cuate fuera mi oficio. Ya para cuando se me había bajado la euforia de sentirme un Perro de Reserva me di cuenta que me había pasado como cinco casas de mi destino, metí reversa y una, dos, tres, cuatro, cinco, ding dong, toc toc, ¿quiéeeeen?, yoni laboriel, ¿Quien? yo pelón, abre ya la puerta. Al entrar a la casa de Leo me di cuenta del silencio reinante y por un momento pensé que no había todavía nadie, sorpresa vil al llegar a la sala: el vino estaba en todo su apogeo y la pisteada a cien por hora. Noté que Federico leía algo en voz alta y todos escuchaban atentamente, traté de adivinar el autor del texto pero mis limitados conocimientos literarios nada más me alcanzaron para notar que era algo así como un poema o ensayo. Interrumpió con un silencio su lectura, sorbo, fumada, lectura de lo que él llama "no sé que es pero está bueno ¿no?".

Era una playa, recuerdo perfectamente la fotografía de aquellos millones de micropiedritas tratando de darle forma a los pies que en ellas tatuaban señales de alejamiento amoroso, un par encaminando al otro sin trayectoria coherente pero con mucha ansia, se percibía la cansada figura de punta-talon-punta. Juraría que fue una pareja de recién enamorados los que pasaron por ahí, jóvenes que solo se dedican a amar y no abusan del raciocinio, el que sólo aplican en caso de emergencia. Decidí observar detenidamente el andar y como un sabueso seguí paso a paso suspiro a suspiro trastabilleo tras arrastre, comencé a sacar conclusiones sobre la historia de aquellos dos, sobre su sentir y coexistir, sólo se me llenó la cabeza de envidia, de envidia de mi primer amor de Sabines y Neruda. Yo un lento amargo animal tu mi bella mi fea. Es difícil ser un loco coherente pero finalmente volví a mi principio curiosiano, la unión de almas. Al llegar a la primera pareja de pares de pies logré comprobar que efectivamente se trataba de una dupla de enamorados, por el tamaño, por lo junto de las marcas, hice un salto mental de gusto, incliné el corazón hacia la muestra, hice reverencia ante el sol y juré cuidar el primer amor como la palabra del viejo mudo o el grito del niño al nacer. Regresé a mi posición original y contemplé otro par de huellas claramente de un hombre y lo que parecía un perro, pensé en la fidelidad que representaban, en el amor desinteresado, recordé cuando yo era otro. Caminé hacia las nuevas marcas, reconocí las huellas como de perro y un hombre de mediana estatura, tomé mis brazos y los apreté fuertemente solté una lágrima y regresé a mi posición original. Nada pasa cuando no pasa nada. Observe un tercer tren de podomarcas, unas claras, llamativas, llenas de mí, vaciadas de algo, esta vez no me acerqué a ellas. Ellas vinieron a mí, se incrustaron en las plantas, me llenaron de incertidumbre, mi pecho voló por un instante y jugó con el viento, mi cabeza tomó una silla y decidió reposar, caí del impacto. Me levanté, sacudí mi ser y definitivamente había pasado lo inesperadamente esperado, por fin tenia yo mi propio par de huellas, unas sinceras, unas amantes, fieles, tranquilas. Calzando mi nuevo par de destino emprendo mi andar, volteo atrás y miro mi estela, doy brincos, pisadas fuertes y dejo rastro. Al tiempo transcurrido los pies me duelen, el camino es imposible de andar me siento atrapado en una caminata sin fin, no sé a donde voy a llegar pero sé que por ese camino sólo andan los completos. Las piedritas, la diminuta arena se convirtió en filosos cuchillos, en ásperas lijas, en candentes carbones, no sé como sobreviven los que por aquí andan sin llegar a ningún lado. Lloro del dolor de una angustia de desconocerte y en un quejido de temor observo que alguien está parado sobre mis huellas, las está observando, se esta agarrando el corazón, está derramando lágrimas en mí. Le grita al sol le ruega a la luna, me siento confundido, para mí todo esto es nuevo, no sé que está pasando, tomo mis manos con los ojos, camino hacia ella las miradas se topan alza la cabeza y mis pupilas se encuentran con las suyas, encierro sus manos me dedico a acariciarla a ponerla en pie, enseguida coloco mi hombro en su cabeza, la invito a andar a hacer leve el dolor de los que caminan, de los que andan. Me siento solo, compartidamente solo. Camino recorrido por dos pares de pies, llegó un punto en el que me olvidé de lo caminado, lo que me ha costado estar aquí, me detengo a pensar y recuerdo el dolor de las primeras huellas de los pasos del por fin soy yo, medito y apunto que desde tu no hay dolor en mis pies mi andar es más claro y mi sorpresa lleva siempre a ti. Te he razonado te he sabido te he andado al igual que tu has sabido hacer de nuestras huellas las mas precisas las realmente sinceras las amantes y las fieles, sabemos que como nosotros nadie podrá caminar jámas en esta playa, más de una vez hemos visto pares de pies que se siguen durante un tiempo y al llegar a las bifurcaciones invisibles uno toma derecha y el otro sigue su camino mediamente solo, otros caminan en zigzag y muchos hacen ochos con diferentes pies, pero nosotros siempre parejos con sentido con amor. Como poder explicar a alguien que no ha caminado por la playa el significado del andar, creo que jamás el hombre entenderá la arena y sus marcas. Ya sé qué podemos hacer para mejorar nuestra caminata, arráncate el corazón succiona tu cerebro, mézclalos y pon la mitad en tu pecho y la otra en tu cabeza, apúrate que ayer yo hice lo mismo y jamas había sentido, lo humano que soy.

Finalmente concluyó su lectura y Mauricio lo llamó Octavio Paz Postmodernista, por lo que pude deducir que era producto de su torcida mente. Yo sólo dije lo que pensé en ese momento y no más. Fede me confesó que era un texto muy lleno de sentimiento pero que sinceramente no sabía qué lo había inclinado a escribirlo. Lleno de tranquilidad le comenté mi reciente conclusión sobre el escribir y so proceso creativo y aunque se notó algo en desacuerdo la aceptó. Realmente me pareció bueno el texto y me puso a pensar en varias alternativas de creación.

Llegó un momento en que la reunión era completamente ajena a mí y sólo volaba la mente, trataba de conectarla con algo más. Después de la copa 23 y el ¡que baile!, ¡que baile !número trece, tomé mis pertenencias como pude,(recuerdo haber llegado con una chamarra y haber salido con dos), zigzaguee hasta mi casa donde ya mi madre me estaba esperando con el grito en la mano. Después de haber oído el leve sermón de la comandante en jefe me dirigí al excusado a darle mis más sinceros saludos y a demostrarle que todavía el pisto me hace efecto. Tranquilamente descargado de masa y penas, me recuesto en mis extraños sueños: un oso, se transforma en águila y se esta comiendo un pitufo que se parece a Pedro Infante, todos en la pitufialdea gritan: ¡que cante!, Godzilla eufórico remarca-el ídolo no ha muerto-. Tomo un micrófono y canto aquella de amorcito corazón yo tengo tentación de un beso... sigue la pelea entre Gloria Trevi y mi tía Marta dicen los jueces que para que sea punto debe pegar toda la zona blanca, mi tía va arriba por dos canastas y Dan Marino esta triste por que le quitaron la medalla de oro en la caminata de los 20 km. No se agüite mi Marlon Brandon no solo de lujuria y campamochas vive la marmota, también de dolor se canta, si no pregúntale a aquel chango que está tratando de resolver el crucigrama de los domingos. Ring, ring, y así como veinte hasta que me despierto y apago el despertador de un efectivo golpe de karate en su especialidad de jetones. Salto de la cama (cálmate Comaneci) y me dedico a tallar mi cuerpecito. En la regadera se puede llegar a muchas conclusiones y la lluvia achedosiana se transforma en derroche creativo fácilmente. Ya secándome abro la ventana y observo un perro callejero husmeando en la basura, ¡peeerrro!,!gua,gua!, vete a hurgar a otro lado mira... ¡gúchale ándale! Inmediatamente encierro mi cuerpo con la ropa interior y me siento en mi escritorio dispuesto a escribir la estúpida historia del perro que acabo de ver. Le puse como nombre Campeón y le inventé toda una vida a su cuento.

Escucho un toqueteo en mi puerta y para sorpresa mía era el buen Mauricio, le comento de mi nueva obra y se muestra amistosamente interesado, doy pie a mi lectura:

Mientras deleitaba mi morado paladar con una rica pera color café, mi cola jugueteaba con una intrepitaria mosca que no dejaba de pelearme la comida, ya estaba un poco harto de esta situación y decidí darle fin al poliocular ser de una buena vez, volteé, la mire fijamente y ... ¡que diablos¡, mejor que siga dando lata, total. Los de su especie no viven más de unos cuantos días, que la infeliz disfrute este mundo de gritos y sombrerazos. Al terminarme la escasa pera me dedico a buscar algún otro alimento que no este muy descompuesto, la verdad en estos barrios de la jai si abundan los manjares, sino me creen pregúntenle a Tacho, el mismo se encontró una pata de jamón serrano casi completa, creo que fue en el basurero de la casa de las rejas. Eso sí el muy infeliz se la comió toditita y ni el hueso nos dejo roer, sinceramente creo que es puro cuento, aunque me tienen sin cuidado si es cierto o no. Lo que si puedo asegurarles es que una vez me encontré una orden de tacos al pastor completita, y esto si es cierto, pos por que a mí me consta, pero bueno. Ya que logre encontrarla no hubo más que quitarle la envoltura de plástico y la de papel que el sigue para poder disfrutar uno de los platillos divinos. Siempre que he podido comer tacos al pastor me pasa una duda por la cabeza: ¿estaré cometiendo un acto de canibalismo?, les voy a remarcar que la duda llega ya que acabe de comer, mientras trago en lo único que pienso es que por un rato la solitaria no va a dar lata. No sé si alguna vez he canibalizado algunos tacos, en realidad no me preocupa gran cosa, mis compañeros los olfatean antes y dizque saben cuando es carne mala, yo la verdad, no me doy cuenta o más bien no me quiero dar. Cómo iba diciendo, aquí en estos basureros siempre hay algo bueno, ¡mira nomás¡ ¡Que chulada de hueso! Hasta carnita trai el mendigo. Aunque prefiero la carne maciza, un huesito de vez en cuando no cae nada mal. Ahora vamos a ver que tiene el vecino guardado, no sabe que ya me acordé que el tipo de aquí esta medio zafado, que se me hace que mejor anuncio la retirada, nomás de acordarme que la última vez que me vió en su basura casi me mata a palos, se me enchina hasta el rabo y mira que me lo cortaron cuando era chiquito. ¡Ah! por que ahí como me ven yo era alguien de familia un ser respetable con nombre cursi y todo, claro que si tenía croquetas duras todos los días y una casita pa planchar oreja, pero ah maldito destino. La verdad no están para saberlo ni yo para ladrarlo, pero los perros más viejos que conocieron a mis padres dicen que eran campeones, de los meros buenos, yo no sé ni que importa pero pos la flota me dice campeón por lo mismo y la verdad pos si me gusta. Mis dueños un día me regalaron a un viejo loco, nunca supe por qué, si del sillón rota, la cama orinada, los zapatos babeados y los tres niños que mordí de todito me arrepentí y hasta la cola le menee. Hay estos seres irracionales que no saben perdonar a los arrepentidos. Bueno el chiste es que al enfermo mental al cual fui dado me tenía encadenado, me daba puras sobras de comer y nunca me sacaba a pasear. Llegó un día que me armé de valor y huí de la casa, me dije a mi mismo: Mi mismo ya eres adulto y debes tomar una decisión; la cadena o la vagancia, y heme aquí gozando de la vida de vagabundo, ni me aflijo ni me aflojo. Me gustaría presentarles a la jauría a mis camaradas namás que ahorita están en celo y pos como los caballeros de la mesa redonda se fueron a las cruzadas. Se preguntarán por qué yo no fui y lo que pasa es que el lunático me castró y la verdad pues ahora si que es cien por ciento ornamental, pero no me preocupa la verdad familia chica vive mejor ¿o no? Ya me esta entrando el sueñito comelón, se me hace que ya me voy a pegar pestañas. Antes de despedirme quisiera decirles que soy muy feliz, ustedes después de leer esto podrían decir, ¡pobre! Ha llevado una vida de humano, yo les digo a manera de consejo la vida es cruel como Gargamel, y a unos les va bien y a otros hasta garrapatas se nos pegan, lo que si les digo es, vida sólo hay una y mientras más fuerte ladres en más vecindarios te escuchan así que menos gruñidos y más ladridos. Yo sé que las despedidas son tristes y que nunca nos volveremos a encontrar puesto que el tullido del escritor como siempre no volverá a involucrarme en otro trabajo, pero ustedes no se preocupen que yo estoy bien y del escritor, pos ustedes ya saben que hacer así que adiós.

Por su cara parece que no le gustó del todo, sin embargo: esta bueno, crees... si. Lo escribí para entrarle al concurso de creación literaria de la uni, realmente espero ganar, creo que hay con que.

Desde luego pude haber ganado un premio pero fue triste enterarme que el mínimo de cuartillas era de cinco y campeón solo reúne dos. Ni modo o le agregas tres o escribes otro, tienes razón, creo que mejor escribo algo más o simplemente abandone la idea del concurso, no sé, yo te digo después si logré escribir algo o salí huyendo como vil muppet perseguido por el Ecoloco. Gracias de todas maneras. Y si me fusilo un cuento de otra persona, tal vez de alguien desconocido, no inventes si no creas que te va a calificar tu mis de redacción de primaria. Tienes razón, pero cinco páginas y ¿si con dos tengo para demostrar que escribo? Pos bien por ti, pero o cinco o no entras. Sabes , mejor abandono esta loca idea de la preocupación literaria, que te parece si mejor nos vamos por ahí a cotorrear un ratón, o que, a poco le sacas... ya vas, concursos habrá muchos, por que no mejor le entras a uno de baile folklórico de Micronesia o a uno de origámi, tu ni te preocupes. Por cierto hay que pasar de una vez por una cheves para hacer leve el desconcurso, ya rugiste mi lion. Vamonos por que aquí espantan.

Aldus Sheviak



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