|
Mesias: Nombre hebreo que significa literalmente «Unigido» o «Bendecido», es análogo o equivalente al griego «Christos». En la versión de la Biblia de «Los Setenta» ("Septuaginta"), se tradujo la palabra hebrea «Mashiaj» por la de «Christos», de ahí surge que se llemara así a Jesús para identificarlo con el "Mesías esperado" por los judíos y anunciado por los profetas.
En un principio era solo una forma de referirse a los "sacerdotes ungidos" para cumplir su misión, por ejemplo en los capitulos 4, 6 y 16 del «Levítico», donde se enumeran ciertas transgresiones al sacerdocio. Más tarde, especialmente durante y después del destierro babilónico, fue el nombre que se le dio al "Rey ungido" por Yãhwêh para liberar al pueblo de la opresión. A la postre el concepto de Mashiaj combinó la idea de un rey davídico (los judíos siempre tomaron a David como prototipo de Rey, así como los británicos tienen la leyenda del "Rey Arturo"), faceta que tiene su origen en la tradición sacertotal y que sería una suerte de ser enviado por la deidad; una mezcla de los atributos del rey David y del Profeta Moisés. También se le agregó la idea del "ser sufriente" (como se lee en "Isaías" cap. 53), el siervo de Dios que "sufre", al que más tarde la teología cristiana identificara con el "Agnus Dei" (que en latín significa: "Cordero de Dios") o sea Jesucristo.
A partir de la dominación helénica de Palestina y, especialmente durante la romana (que comenzó en el año 63 a.C. cuando Pompeyo entró en Jerusalén), las sectas radicales judías como la comunidad de Qumran y los Zelotes, comenzaron a vislumbrar a un "Mesías" salvador que los libertaría en forma física y violenta; otros, como la secta de los bautistas (a la que pertenecía "Juan"), pensaban en un líder más relacionado con lo profético y espiritual. Los seguidores de Jesús de Nazaret lo identificaron como tal, mientras que los judíos ortodoxos, viendo que todos los intentos de liberación política fracazaron, rechazaron no solo la misión mesiánica de Jesús, sino la de muchos otros líderes políticos y espirituales del s. I. Por esa causa, el Judaísmo sigue esperando aun hoy la llegada de este personaje.
«Mesías» deriva del término hebreo «mashiyach» o «mashiaj» (xyXm), fonéticamente: [maw-shee'-akh].
 |
 |
Milenaristas: Ideas o creencias relativas al «Milenarismo» o personas que son partidarias de estas doctrinas. El concepto de milenarismo aparece por vez primera en el Apocalipsis o «Libro de Revelaciones» (Ap. 20:1-6). En este pasaje se describe, con un lenguaje cercano al misticismo, el inminente retorno de Jesucristo a la Tierra para establecer en ella un reino de santidad reservado a los justos y destinado a durar un milenio. Los justos se identifican con los mártires que, en virtud del sacrificio de su vida en nombre de la fe, podrán ser los protagonistas privilegiados de una primera resurrección, preludio de la resurrección de toda la humanidad y del juicio universal, hasta la llegada definitiva, al final del milenio, del reino de los cielos. Esta concepción de corte fundamentalista, surgió por primera vez en los ambientes cristianos de Asia Menor en el siglo II. Tuvo cierta repercusión en el occidente de Europa gracias a la obra de Ireneo, Padre de la Iglesia (h. 140 al 202 d.C.). Este originó un intenso debate teológico hasta su condena como doctrina herética, pese a proceder de la Biblia. Rechazada desde siempre por la Iglesia Católica, esta visión escatológica resurgió con distintos grupos de la Reforma (como los anabaptistas).
El milenarismo constituye en la actualidad uno de los más populares motivos de identificación entre ciertas confesiones (Adventistas y Testigos de Jehováh, principalmente) surgidas durante el siglo XIX en Estados Unidos en el ámbito del fundamentalismo protestante.
Por razones psicológicas y simbólicas (que se corresponden con la teoría de los arquetipos y el inconsciente colectivo de Carl G. Jung), estas doctrinas parecen cobrar gran fuerza ante el advenimiento de un nuevo milenio (calendario) y en menor escala en cada nuevo siglo, si bien ni los pasajes bíblicos que le dan origen, ni ninguna tradición temprana del cristianismo, afirma o afirmó jamás que tales eventos se sincronizarían o corresponderían a una determinada época o año específico. De todos modos, al no haber existido en momentos de la redacción del «Apocalipsis», la «Era Cristiana» como sistema cronológico, tal como la conocemos en la actualidad, poco o ningún sentido tiene el relacionar los versículos del libro con un año en especial de la misma.
|