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Jesucristo: Este nombre, que siempre fue el más común para aludir a la persona de Jesús, encierra en sí una serie de implicaciones y problemas tanto teológicos como históricos. Como es obvio el término es una contracción de Jesús-Cristo o de «Jesús el Cristo». El mismo proviene del latín: «Iesu Christi» y éste del griego: «Ihsou Christos» (Cristoj Ihsou). Tal denominación es la más temprana del Cristianismo, ya se encuentra tanto en su variantes de «Jesús Cristo» (o «Jesucristo») como de «Cristo Jesús», en las Epístolas Paulinas (Cartas escritar por Pablo de Tarso - «San Pablo» o «Pablo el Apostol»). Estos escritos, que a la vez son los más antiguos (50 al 62 d.C. aprox.) y los únicos del Nuevo Testamento sobre los que, en su mayoría, no cabe duda de su autoría y se está de acuerdo en que no poseen adulteraciones o interpolaciones posteriores, usan profusamente estas denominaciones para Jesús. La palabra «Jesucristo» puede encontrarse en ellas 123 veces y 65 veces el término «Cristo Jesús», contra las sólo cinco existentes en los evangelios (que sin embargo son más tardíos en su redacción). De estas cinco alusiones evangélicas, pueden descartarse virtualmente todas como originales o tempranas: Mateo 1:1 y Marcos 1:1 por ser los títulos o enunciados de dichos libros, es decir, versículos agregados con posterioridad; Mateo 1:18 por problemático, pues se discute si es una interpolación posterior y las dos alusiones a «Jesucristo» en el Ev. de Juan, por ser muy tardías (Juan 1:17 y 17:3). Todo esto hace pensar que o bien esta forma de aludir a Jesús fue una creación de Pablo de Tarso o era ya "natural" entre los cristianos, pocos años después de la fecha en que se cree ocurrió la crucifixión (29 d.C. aprox. -recuerdece que Pablo se convirtió al Cristianismo h. 38 d.C., sólo 9 años después). Analizando la etimología y las raíces lingüisticas de estos términos, cabe pensar que a Jesús se lo llamaba durante su vida o a poco de su muerte, «Jesús el Señalado» o «Jesús el Ungido».
El nombre verdadero de Jesús era «Jesús hijo de José», que en su lengua natal, el arameo, se procunciaba aproximadamente como: «Yoshuah bar Youseph». Yoshuah ([wXwhy), fonéticamente: [yeh-ho-shoo'-ah], deriva de «Yehoshuah» o «Yahowshuwa`» y significa: «Yãhwêh [Dios] es salvación». Es una variante del nombre «Josué» del A.T. (199 veces nombrados en los libros canónicos) y bastante común en el s. I d.C. Este nombre se tradujo como «Iesous» (Iesous), fonéticamente: [ee-ay-sooce'], al griego (lengua en que fue escrito todo el N.T.) y luego al latín «Iesus» (como aparece en la versión "Vulgata" -del latín: "versión popular"- de Jerónimo, del 404 d.C.); finalmente, pasó a nuestra lengua como «Jesús». El título de «Cristo», que ha resultado a la postre el que dio el nombre a la religión "cristiana", proviene del griego: «Christos» (Cristoj) y significa «Ungido» o «Señalado». Esta palabra fue usada en todo el N.T. para traducir a la de origen hebreo «Mesías», es decir «mashiyach» o «mashiaj» (xyXm), fonéticamente: [maw-shee'-akh]. Es muy improbable que al Jesús histórico (mientras vivía) se lo llamara «Christos» en griego o él mismo se autodenominara así. Si Jesús realmente se identificó a sí mismo como el «Ungido» (de Yãhwêh), el «Mesías» esperado por los judíos para su liberación, debió usar la palabra hebrea para ello: «Mashiaj» y no la griega, pues esta última era ajena al pensamiento y la cultura judía de su época. Si por el contrario, tal calificación es posterior a su muerte, debió ocurrir que sus discípulos tradujeron, en forma natural, el término hebreo al más parecido que encontraron en griego: «Christos» (Cristo) -Cabe recordar que los cuatro evangelios canónicos fueron escritos originalmente para lectores de lengua griega.
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«Día del Juicio» o «Juicio Final»: Es una creencia común de las tres grandes religiones monoteístas: Judaísmo, Cristianismo e Islam. La misma se originó en los tiempos de Ciro el Grande, rey de Persia (s. VI a.C.), cuando los judíos fueron liberados por éste de la cautividad en Babilonia y volvieron a su tierra, Palestina. En esa época, el Judaísmo primitivo asimiló muchas de las creencias de la antigua religión persa, el Mazdeísmo, fundada por el Profeta Zarathustra (h. el 660 a.C.). Entre las mismas se encuentran la idea del Infierno como un lugar de condenación para los pecadores, el concepto de que la esencia del mal es una entidad objetiva («Diablo» o «Satán»), la resurrección de los muertos y el Juicio Final. Según estas religiones este evento sobrevendrá al final de los tiempos, luego de un cataclismo universal; donde serán juzgadas todas las almas desde «Adán» (el primer hombre) hasta los que vivan en ese momento.
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